Messi-Cristiano, la rivalidad más grande, y trillada, del fútbol

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Desde que el fútbol revive en las pantallas, desde que los estadios se ven en color en las fotografías de los periódicos y desde que las ondas de las radios se transforman en ‘tweets’ en Internet no ha habido rivalidad futbolística más grande y de más calidad que la que hay entre Leo Messi y Cristiano Ronaldo. Dos emperadores del gol, dos genios con calidad superlativa pero con particularidades diferentes encuadrados entre la eterna lucha de los colores blancos y azulgrana.

El Barcelona y Madrid es el duelo con mayor magnitud del fútbol mundial. Como lo fueron los Ali-Frazier o los Lakers-Celtics los Barça-Madrid son evites universales. Los clásicos son escaparates en los que las estrellas más grandes del balompié brillan con luz propia bajo los focos de la admiración y el espectáculo. Y en este envite casi centenario, en el que las botas más finas han dibujado las gestas y los gestos más hermosos y despiadados, Messi y Cristiano son sus dos colosos protagonistas.

Messi es el hombre récord con 91 tantos en un año y el único futbolista capaz de golpear cuatro Balones de Oro a gol. Todos los títulos de azulgrana y la promesa de un Mundial con la albiceleste engalanan la camiseta del genio de Rosario que creció en La Masía y que se perpetuará en el imaginario colectivo al son de los pases de Xavi e Iniesta. El máximo goleador de la historia del Barça y el jugador más joven en llegar a 200 tantos en la liga. El mejor futbolista del mundo, el heredero de Maradona y quizás el dios que le desbanque de su Olimpo futbolístico.

Cristiano es la potencia, la mayor estrella mediática del fútbol y el segundo mejor futbolista del planeta. El único capaz de discutirle el protagonismo y el prestigio a Messi. El jugador que mejor mezcla la calidad y las cualidades atléticas. El depredador casi infalible con el cañón envenenado de su pierna derecha capaz de tener una media de más de un gol por partido con el Madrid (179 tantos en 176 encuentros). El ídolo del Bernabéu y de Old Trafford. El Balón de Oro de 2008 y el protagonista de los fados de la selección portuguesa que capitanea.

Los dos se rifan las Botas de Oro y las pelotas doradas. Con sus tres goles al Getafe Cristiano ya suma 21 y con sus cuatro tantos al Osasuna Messi ya tiene 32 muescas en su pierna izquierda. Ellos dos son los únicos capaces de vencer al tiempo y a las jornadas con sus récords goleadores y con su calidad.

Los regates cortos de Messi, los quiebros atléticos de Cristiano, la visión y la asociación del argentino y la potencia en el disparo del portugués son los auténticos protagonistas del clásico. Ni el altavoz de Mourinho, ni las paradas, o no paradas, de Pinto, Adán o Diego López ni el colegiado tienen, ni deben tener, la misma luz reluciente que los dos cracks en esta eliminatoria de Copa.

Messi y Cristiano lo fagocitan todo. Superan la rivalidad que Di Stefano y Kubala iniciaron en los años 50 en la que creció la semilla que hoy es el frondoso árbol del Barcelona-Real Madrid con sus goles, sus gestos y sus brillantes estrellas.

No ha habido duelo más grande ni de más calidad. Tampoco ha habido envite más comentado, filmado o escrito que éste. Las palabras sobre Messi y Cristiano están ya muy trilladas aunque, por su grandeza, sus tantos y sus hazañas, no deben nunca dejar de decirse o escribirse por muy repetitivas que parezcan. ¿O acaso habría que dejar de visitar la Torre Eiffel cuando uno viaja a París?

Fotografía: Messi y Cristiano. Fuente. David Ramos/Getty Images

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Las sonrisas de Luton, Milton Keynes, Oldham y Leeds

Luton Town's Scott Rendall celebrates

Llevamos unas semanas acostumbrándonos a las sorpresas en las copas inglesas. El Bradford City, con su sorprendente clasificación para la final de la Capital One Cup (antigua Copa de la Liga), ha abierto el cajón de las quimeras y las hazañas de los más modestos condenando a los poderosos equipos a patinazos ilógicos. El triunfo ya no sólo es para los clubes de la Premier League. Y la sonrisa, en este fin de semana de FA Cup, ha viajado de Luton a Milton Keynes pasando por Oldham y Leeds.

Cuatro clubes modestos, cuatro equipos alejados de los focos y de las pantallas, han asaltado los templos de cuatro actores de la Premier League. Una hazaña doble ya que a las limitaciones técnicas MKD y Luton han sumado la desventaja del factor campo. Han roto con la lógica para llenar de gloria sus ilógicas clasificaciones.

La mayor de las machadas la ha hecho el Luton Town, conjunto que deambula por la Conference National, el quinto escalón de la pirámide del fútbol inglés, que sorprendió al Norwich (0-1) y a Carrow Road, el campo de minas sobre el que los grandes de la Premier League, como el Arsenal o el United, sucumben con frecuencia.

El héroe, el goleador, fue Scott Rendell, un atacante con más cesiones que goles, que certificó el primer triunfo del Luton contra un equipo de Premier en los últimos 25 años. “Es fantástico ser parte de la historia. Aún no nos creemos lo que hemos logrado”, declaró Rendell tras la victoria. Los ‘Hatters’ lucen su sombrero en la élite 21 años después de su última participación en la First Division. La Copa de la Liga de 1988, el gol de Stein ante el Arsenal en el último suspiro llevó la gloria a Luton que un año después volvió a caer en la final ante el Nottingham Forest.

En ese instante se oscureció el cielo del Town. Dos décadas después, desde el sótano del semiprofesionalismo, ha vuelto a sonreír. Será el séptimo equipo, fuera de los cuatro primeros escalones, que alcance la quinta ronda de la FA Cup desde la Segunda Guerra Mundial. Una hazaña enorme para un club que entró en colapso económico en 2009 y que ahora lucha por volver a las divisiones profesionales.

Otro que sonríe es Milton Keynes Dons, el conjunto artificial surgido del Wimbledon hace 9 años, el faraónico proyecto del productor musical Pete Winkelman que ayer goleó al QPR en Loftus Road (2-4).

La gesta es diferente aunque la sonrisa es la misma. El Milton Keynes es uno de los grandes de la League One. Con un gran presupuesto, un moderno estadio y futbolista de renombre como Alan Smith los nuevos Dons pasaron por encima del colista de la Premier League. Los visitantes se pusieron 0-4 en el marcador (Traore, Lowe, Harley y Potter) y humillaron a un QPR que maquilló el resultado en el epílogo. Tras eliminar al Wimbledon en la ronda anterior, en el ‘derbi’ con mayor rivalidad, el Milton Keynes Dons ha escrito la página más brillante de su corta historia. El ascenso a Championship, su próximo objetivo.

El Oldham Athletic es el otro equipo de League One que sonríe tras la jornada de FA Cup. Los ‘Latics’, que llevan 20 años alejados de la élite y que coleccionaron en la década de los noventa promociones infructuosas a la Premier League, se deshicieron de un apático Liverpool que naufragó con todos sus titulares (3-2).

Suárez, Sturridge, Borini, Allen… todos sucumbieron a la presión de Boundary Park, al doblete de Smith y a Wabara, defensa cedido por el City que machacó al Liverpool ofensiva y defensivamente. “Déjenme disfrutar”, dijo el ex futbolista escocés Paul Dickov, manager del Oldham, cuestionado y en el alambre por la mala racha de su equipo, a un punto del descenso. Hoy es día de risas e ilusión en Oldham y de reflexión en Liverpool, donde Rodgers ha coleccionado su enésima decepción.

El Leeds United, gigante de Inglaterra y Europa en los noventa y principios de siglo e histórico en apuros en Championship, ha vuelto a ser ‘grande’ al dejar fuera al Tottenham (2-1). Varney y el goleador irlandés McCormack anotaron los tantos del último campeón de la antigua First Division en 1992.

Tras caer de la Premier League en 2004 Elland Road sólo ha sonreído y disfrutado de tardes de élite y de recuerdos continentales en las copas. La victoria ante el United, en Old Trafford cuando aún penaban sus pecados financieros en la FA Cup de 2010, era el último recuerdo de grandeza de los ‘Peacocks’ hasta esta tarde, cuando los ‘Spurs’ cayeron ante un club gigante en historia y nombre para Championship pero acorde a la categoría por sus futbolistas.

Hoy cuatro ciudades sonrien y cuatro clubes de élite se sonrojan. Es la magia de la FA Cup, la esencia del fútbol donde los millones y la calidad sucumben en ocasiones a la ilusión y a la ilógica realidad. Es la emoción que hoy sienten los aficionados del Oldham, Leeds, Milton Keynes y del Luton, que le roban protagonismo a las estrellas de la Premier League gracias al escenario de la cuarta ronda de la FA Cup.

Fotografía 1: Rendell celebra su gol. Fuente: Blue Square/PA

El error de Hazard

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El Swansea City estaba en la final. Moría el partido, la eliminatoria, los ‘Swams’ culminaban su gran año soñando con levantar su primer título inglés, alzar en Wembley, ante el Bradford el trofeo que les pusiera en plano de igualdad con sus vecinos del Cardiff City. Michu celebraba su renovación, Benítez y el Chelsea volvían a caer en una competición tras irse de la Champions League y del Mundial de Clubes con las manos vacías cuando sucedió la jugada del partido.

Faltaban 10 minutos para que se culminara el fracaso del Chelsea y la victoria del Swansea. El balón salió fuera y Hazard fue a por el esférico. Un joven recogepelotas, situado en la valla publicitaria de la grada del Liberty Stadium lo cogió. La estrella belga fue a por el cuero, el chaval lo retuvo en el suelo y, al negárselo, Hazard le dio una patada en el costado cuando golpeaba el balón. Mientras Tremmel, el portero local, veía lo sucedido el capitán del Swansea Williams se fue a por él. La tangana fue monumental. El chaval se retorcía, Chris Foy expulsó a Hazard, Ba se interesaba por él y el escándalo en Inglaterra ya era mayúsculo.

Miles de comentarios sobre el asunto en Twitter, decenas de vídeos y gags en las redes sociales y algunas reacciones. Benítez, tras el encuentro, aseguró que ambos habían “hablado” y que se habían “pedido perdón el uno al otro”. “Estamos decepcionados. Hazard estaba frustrado pero el chico estaba perdiendo tiempo”. Un asunto que ya había anunciado el chaval en su cuenta de Twitter ayer según recoge la prensa inglesa. “El rey de los recogepelotas vuelve para su última aparición #necesario #para #perdertiempo”. Chris Morgan, según su cuenta en la red social, sumó 42.000 seguidores una hora después del incidente. Sus intenciones traspasan el plano futbolístico, son equivocadas y le convierten en protagonista de un momento del que estaba excluído. Sólo el error de Hazard le puso bajo los focos.

Laudrup también dio su opinión sobre el asunto. “El recogepelotas debió soltar el balón pero Hazard primero le empuja y luego le da una patada. Entiendo su frustración pero hay cosas que no puedes hacer nunca. Lo lamentará cuando lo vea por televisión”. Williams, capitán local, y espectador de lujo de la desafortunada acción, afirmó que vio “todo, como le pegaba en las costillas y eso no se puede permitir”. Ba fue a interesarse por el rival, la policía del sur de Gales investigará el asunto y el lío en el fútbol inglés es enorme.

Hazard se equivocó y merece una sanción. La tendrá ya que en la FA estas cosas no pasan por alto. Sus disculpas al ‘ballboy’ limpian su imagen pero no esconden su error. Sin embargo, la actuación del recogepelotas es censurable y tendría que recibir un toque de atención. Últimamente hemos visto como en España lanzan balones al campo o desaparecen. Y hoy, en Capital One Cup, han influido sobre el césped. Su cometido es el que es, no deben traspasar esa línea.

Y, entre recogepelotas, patadas y polémicas el Chelsea ha vuelto a caer eliminado de una competición. Y el Swansea ha llegado a una final. Las cosas del fútbol, que giran su foco a la polémica cuando lo importante está sobre el verde.

Fotografía: Ba atiende al recogepelotas. Fuente: Carl Recine/Action Images

Bradford City. En el paraíso de Wembley

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El sueño se hizo realidad. El Bradford City de League Two (cuarta división) jugará la final de Capital One Cup tras dejar en la cuneta al Aston Villa. Las puertas del paraíso de Wembley se han abierto a los más modestos. De las sombras de primera, a los focos de la élite. Del cuarto escalón al cielo.

Hanson fue el héroe de la noche más dulce que recuerdan los ‘Bantams’ tras su descenso de la Premier League hace más de una década. Una vez más, a balón parado, de córner, al igual que todos los tantos que han marcado al Aston Villa en esta eliminatoria, el delantero de Bradford, para redondear la historia, cabeceó a la red las ilusiones y los sueños de su ciudad y de su club. Los goles de Benteke y Weimann y el ambiente de gala y las banderas de los Villanos no sirvieron para nada. Bajo la nieve, sobre el frío césped, el Bradford City completó su quimera.

Una hazaña solo repetida por el Rochdale en 1962 en Inglaterra y por el Calais francés en 2000. Ambos perdieron las finales. El Bradford será el tercer equipo de cuarta división que acceda al último encuentro, al templo donde los focos y los flashes solo apuntan a los elegidos. La victoria les haría eternos, como dijo Guardiola, y les clasificaría para la Europa League, pero el simple hecho de estar en una final 102 años después (en 1911 ganaron la FA Cup) es ya un desafío a la lógica.

Sobre el césped, envueltos en lágrimas de alegría y euforia los ‘Bantams’ saborearon el champagne de la gloria. El portero Duke, el protagonista ante el Wigan y el Arsenal con sus paradas en las dos tandas de penaltis, veía cumplido su sueño de niño. “Cuando era pequeño soñaba con jugar en Wembley. Lo hemos hecho, hemos conseguido llevar a un club de cuarta división a la final. Estuvimos fantásticos esta noche”, declaró el guardameta que hace cinco años estuvo a punto de dejar el fútbol. Los médicos le detectaron un cáncer en un testículo cuando jugaba en el Hull en la Premier League. Le operaron, se recuperó y un lustro después estará bajo los palos más importantes del fútbol británico.

El estratega en el banquillo, Phil Parkinson, ex jugador y entrenador de los sótanos del fútbol inglés, también estaba en una nube. “Estoy en un sueño. Venir con dos goles de ventaja nos daba la opción de hacer historia y lo hemos hecho. Es tremendo”. Increíble es la gesta de un equipo que roza los playoff en League Two y que se ha plantado en la final de la Capital One Cup. 

Duke, Darby, Good, McArdle, McHugh, Doyle, Hines, Atkinson, Jones, Wells, Hanson, el entrenador Parkinson y toda la plantilla del Bradford City tienen ya una página en la dorada historia del fútbol. En la sección de los cuentos de hadas, de las epopeyas, que cada cierto tiempo nos regalan una historia idílica en la que el pequeño, el pobre, llega a palacio. “Será una gran fiesta en Wembley y un gran día para los aficionados y la ciudad”, aseguraron Duke y Parkinson sobre el frió césped de Villa Park.

Una jornada inolvidable para todos los ‘Bantams’, contra el Swansea o el Chelsea, en el paraíso de Wembley.

Fotografía: Los jugadores de Bradford celebran su pase en Villa Park: Fuente: Nick Potts/PA

El ocaso dorado de Sneijder

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Sneijder jugará en el Galatasaray. El equipo otomano ha pagado al Inter 7,5 millones de euros y en medio de la locura y el éxtasis en Estambul el creador holandés jugará las próximas tres temporadas a razón de 5 millones de euros anuales en el Bósforo. Un retiro dorado para un jugador que ha vestido su ocaso de suplencia y pasión turca. Unas imágenes habituales con no muy buen final. O sino, que se lo pregunten a Guti.

El arquitecto holandés tuvo en sus manos jugar en la Premier League. Ferguson suspiró por él durante dos veranos y llegó a poner sobre la mesa hasta 30 ‘kilos’, pero nada. El City también lo tentó y el PSG lo tenía atado para este invierno. Pero, al final, por las negativas del Inter o por no querer bajar su caché competirá en Turquía.

El artista tulipán es uno de los mejores media puntas que ha dado el Ajax en los últimos 10 años. Triunfó a medias en el Real Madrid con pases, faltas y goles excelentes y bajones de forma oscuros y distraídos. Los galácticos 2.0 de Florentino le empujaron al Inter de Milán y con Mourinho cambio todo.

Se centró, se convirtió en el ‘playmaker’, en el ‘trequartista’ venerado en el Calcio con poder, magia y pase que elevó al Inter a ganar la Sería A, la Coppa y la Champions League. Uno de los mejores futbolistas del mundo en 2010 que guió a Holanda a la final del Mundial de Sudáfrica que perdió ante España y que se coló entre los finalistas del Balón de Oro. No llegó a la final, pero los periodistas de France Football le eligieron como el mejor del año por delante de Iniesta y Xavi. Rozó la gloria y el reconocimiento.

Llegó a su punto álgido, su cima deportiva y personal, de la que se ha caído en dos malos años. Sin Mourinho se descentró, entró en una crisis circular y autodestructiva de fútbol y rendimiento calcada a la del Inter. Y, cuando llegó Stramaccioni en marzo, su fútbol, sus oportunidades y sus ganas se apagaron en Milán. Solamente 8 partidos, 5 de liga y dos goles ha acumulado Sneijder esta temporada. Entre lesiones, decisiones y desgana se ha perdido en el fango del banquillo y la mediocridad. Rechazó una bajada de salario propuesta por Moratti, dejó de jugar y ha volado al Galatasaray.

Ahora, Sneijder, botara sus faltas y dará sus pases sobre el verde de los campos turcos. Fatith Terim, entrenador del Galatasaray, advirtió hace días que no quería “jugadores que se creyeran más que el equipo”. A pesar de la advertencia, la afición ya le venera como su nuevo rey otomano y el mister le tendrá en el vestuario en su asalto a Turquía y Europa.

Sneijder se ha tomado un ‘descanso’ futbolístico entre Asia y Europa. Un movimiento extraño para un futbolista de 28 años al que le quedaban todavía años en la élite. Su falta de ambición y su cabeza le han empujado a Turquía cuando aún tenía botas, y físico, para triunfar bajo la lluvia de Inglaterra, en la emergente Francia o en los abarrotados estadios de Alemania.

Como Pato, Cissé… Sneijder ha cambiado la competitividad por un ocaso dorado.

Fotografía: Sneijder saluda desde la grada de San Siro. Fuente: Reuters

Copos de Premier League

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La Premier League nos regaló este domingo el enésimo ‘Super-Sunday’. Volvió a concentrar todo el interés de la jornada, de la lucha por el título y la Champions League en cuatro partidos cubiertos de nieve y fútbol. Los copos cayeron sobre Stamford Bridge y White Hart Lane pero no consiguieron blanquear ni el verde ni el juego que desplegaron Arsenal, Manchester United, Chelsea y Tottenham. Copos de Premier League.

Con el frío y la blanca humedad de Londres el Chelsea se reencontró con la victoria y las buenas sensaciones momentáneamente (2-1). A punto estuvo de empatar el Arsenal y desperdiciar los ‘Blues’ su doble ventaja por segundo encuentro consecutivo. Benítez colocó a Ramires y Lampard en el doble pivote. Es la mejor opción que tiene dentro de la medianía de calidad y recursos que tiene en esa demarcación. Delante, Torres sorprendió a todos con su velocidad. Estuvo eléctrico, incisivo, patinando por el helado césped e incluso superando en velocidad a Vermaelen. Sin embargo, sobre el hielo, las imprecisiones son inevitables.

Mata, con Wenger protestando desquiciado al árbitro una falta de Coquelin, y Lampard, de penalti, golpearon bajo la nieve en el inicio a un Arsenal que está muriendo de su propio estilo. Wenger está acostumbrando a los ‘Gunners’ a perder y a coleccionar medios con criterio, posesión pero sin competitividad. Cazorla, Wilshere y Ramsey tocaron con precisión, monopolizaron el balón pero sin peligro. Solamente cuando al Chelsea le entró vértigo y el renovado Walcott (120.000€ semanales) marcó consiguió acogotar a los ‘Blues’. Los visitantes amasaron el esférico, recopilaron faltas al borde del área y desde la esquina, con cuatro intentos consecutivos, intentaron repetir los fantasmas del Chelsea-Southampton. El balón no entró, Cech y Benítez suspiraron y el Chelsea se consolida en zona Champions.

Y en White Hart Lane, con un césped más blanqueado, Villas-Boas buscó calcar el encuentro de septiembre en el que su equipo tomó Old Trafford. Dibujó el mismo esquema con Bale y Lennon en las alas, con Dempsey y Dembele por dentro e incluso lo mejoró con Parker para intentar por los costados superar el muro y la presión del Manchester United. Ferguson metió a Phil Jones en la media (pensado en el Bernabéu) reforzando el medio campo y acumulando más hombres en la sala de máquinas. El central, en el partido medio, inglés desplegó todo su poderío físico pero se quedó corto en la colocación y con el balón en los pies. Le queda grande la posición.

Cleverley jugó escorado en la derecha y asistió a Van Persie para que el holandés marcara su decimoctavo gol del año. Welbeck corría y se asociaba, Carrick continuó con su vuelta a la excelencia, perfecto en la colocación y en la salida limpia y con criterio del balón, pero el protagonista fue De Gea.

El meta español fue la estrella de los diablos rojos. Sacó su repertorio de paradas, con las manos, con estiradas y con los pies para desesperar, hasta en cuatro ocasiones, a Dempsey, Defoe y Bale. El Tottenham apostó más que Ferguson por el fútbol, por la fluidez ofensiva con Bale como baza principal. Cada día crece más el futbolista galés con un amplio abanico de golpeos y pases certeros y amenazantes que complementan su arrancada imparable.

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El United y De Gea desquiciaron a los ‘Spurs’, desviaron sus ocasiones tirando de un fútbol sobrio, defensivo y plano, un clásico de los ‘Red Devils’ y el mánager escocés en los campos de los aristócratas ingleses y europeos. Hasta que en el último minuto, bajo la nieve, a De Gea se le escurrió un balón colgado (su asignatura pendiente) que recepcionó Lennon y que transformó Dempsey en el premio de los locales y en el castigo de los visitantes (1-1).

El Manchester United se quedó helado, el Tottenham encontró el calor bajo la nieve y la Premier League comenzó a deshielarse. A pesar de hacer la segunda mejor marca de la historia tras 22 encuentros (55 puntos) sólo superada por el Chelsea de Mourinho, que en la 2005-2006 hizo 61, el Manchester City solo está a 5 puntos.

Todavía queda mucha Premier League, mucha pasión y emoción tras una tarde fría y blanca caldeada por los copos del fútbol.

Fotografía 1: Lampard celebra su tanto. Fuente: skysports.com

Fotografía 2: Dempsey remata a puerta: Fuente: skysports.com

La depresión del Newcastle

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Le Fondre hizo doblete y el Newcastle, definitivamente, y bajo la nieve, entró en depresión. Deportiva y mental, porque ya son 3 meses sin alegrías. Desde noviembre, y contando las dos competiciones domésticas y la Europa League, los ‘Magpies’ solamente han ganado dos encuentros (al Wigan y al QPR). 18 partidos, 12 derrotas, la sonrojante eliminación de la FA Cup a manos del Brighton de Championship y un reguero de goles y decepciones. La última vez que sumaron tres puntos fue el 22 de diciembre. No hay sonrisas en St James Park.

A pesar de marcar 3 tantos en el Emirates y en Old Trafford con un fútbol ofensivo y atractivo, la debilidad defensiva y las lesiones les condenaron a caer goleados en esas grandes citas y a dejar de sumar en las rutinarias. La venta de Demba Ba ha roto los lazos que el Newcastle tenía con el gol y las innumerables bajas (Cabaye, Ben Arfa, Jonas, Tiote…) han empujado al conjunto del vitalicio Pardew (renovado hasta 2020) al fondo de la tabla (a 2 puntos del descenso) y a ser el cuarto equipo más goleado de la liga (41 tantos encajados).

Krul no da a basto, Coloccini no se puede multiplicar y sin Tiote y Cabaye no hay ni equilibrio ni fútbol. Las ausencias están lastrando sobre el verde a un equipo que se descompone en St James Park. Hoy ha caído ante un conjunto en descenso (Reading) y tras verse las caras la próxima semana con el Aston Villa (rival directo) llegarán el Chelsea y el Tottenham. La niebla de las derrotas envuelve a los ‘Magpies’.

Oscuro panorama para el Newcastle. Un conjunto que necesita reforzarse en la delantera, acompañar a Cissé, y vaciar su enfermería de los futbolistas que hicieron que las Urracas rozarán la Champions League hace un año. La solidez defensiva, los resultados y los goles lo darán las botas que ahora cuelgan en el vestuario.

En el norte de Inglaterra, en el castillo de Newcastle han aprendido de los errores pasados, tienen más paciencia y no sacan tan fácil la guillotina y la cartera. Sin embargo, ya empiezan a sentir la oscura depresión del descenso a Championship de 2009.

Fotografía: Coloccini observa el gol de Le Fondre: Fuente: AFP: Getty Images

Guardiola, de la gloria a Münich

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Guardiola ya tiene equipo y no tiene acento inglés. No irá a la Premier League, uno de sus “sueños”, y no aceptará los cheques en blanco ni del Manchester City ni del Chelsea ni emprenderá la resurrección del Liverpool. Tampoco relevará a Ferguson en Old Trafford. Guardiola no vivirá, por ahora, en Inglaterra y por efecto dominó, por descarte, los ‘grandes de la Premier‘ ya se rifan los deseos de Mourinho.

Guardiola tampoco volverá a la romántica Italia sino que llegará a la cosmopolita Münich para entrenar al Bayern. Tras dejar su corona de títulos y fútbol en Barcelona y a cargo de Tito Vilanova, el gigante de la Bundesliga será el club que domine hasta 2016. Baviera será su reino futbolístico y el Bayern, el eterno archienemigo del Real Madrid, su castillo. De la gloria a Münich.

El entrenador más laureado de la historia del Barça, que consiguió 14 títulos en cuatro campañas y que perfeccionó un estilo coral alrededor de la danza de Iniesta y Xavi y el soprano de Messi, tiene ante sí su primera oportunidad lejos de casa. El Bayern de Münich es un histórico del fútbol mundial, con 22 ligas, 4 Champions y 5 Balones de Oro, con una plantilla de calidad y contrastada y con un sistema financiero bien montado y controlado. Pep llega a un club en el que sus leyendas, Beckenbauer, Hoenness y Rummenigge, mandan y con una masa social amplia y global.

“El Bayern no es el equipo que más dinero le ofrecía. Lo ha elegido por su organización, por las posibilidades que él ve y sus futbolistas”, ha declarado su representante, Josep Maria Orobitg, tras conocerse la noticia de su fichaje por el club teutón, con el que Guardiola ya había firmado el 20 de diciembre. Pep entrenará en el mejor club que hay, y que puede entrenar (impensable el Real Madrid), tras el Barça. El único equipo que discute el duopolio madridista y barcelonista en el fútbol mundial. Ha bajado del primer al segundo escalón para intentar subir a la cima con una gran plantilla y un club hecho a su idea de fútbol. No se la ha jugado.

Aunque el Bayern no juegue como el Barça la posesión y el espíritu ofensivo son algunas de sus señas de identidad. Los laterales ofensivos (Lahm-Alaba), el hombre ancla Javi Martínez, un futbolista que ya quiso teñir de blaugrana, el toque de Kroos y Schweinsteiger y la asociación y rapidez de Ribery, Muller y Robben guardan similitudes con sus ideas enraizadas en La Masía y plasmadas sobre el verde y la pizarra del Camp Nou. Intentará adaptarse a la filosofía Bayern, al fútbol alemán, al más similar en forma y conceptos de base al español, dándole su toque personal y sus retoques. Unos retoques que se traducirán en fichajes, un apartado en el que no podrá fallar como erró en Barcelona. Tendrá la ayuda de Sammer, director deportivo, pero Messi ya no le solucionará los apuros.

El Camp Nou le veneraba, le perdonaba y le dejaba controlar a su antojo todo el ruido y el caos mediático y deportivo. Lejos de los focos de la Liga y la prensa española Pep estará más protegido aunque tendrá que rendir cuentas ante el duro periodismo alemán y su nueva afición. Sus referencias son inmejorables, pero los hinchas necesitan verlas en acción, y con éxito, sobre el césped para contrastarlas y corearlas. Tendrá un vestuario en el que no sólo habrá una estrella, Messi, sino varios egos (Robben Ribery…) que gestionar sin caer en la expulsión. Cualidades le sobran y experiencia, calidad y jerarquía no le faltan.

“Habemus Pep”, proclamo Hoeness, presidente del Bayern, cuando se hizo oficial el acuerdo. Tras la retirada en julio de Heynckes, que ha comandado al Bayern con éxito en Alemania y en Europa, el deseado por todo el continente, el pontífice de los técnicos, Guardiola, dominará el Allianz Arena y buscará llevar al aristócrata bávaro a reinar en la Chanpions League desde los abarrotados estadios de la Bundesliga. Intentará mezclar el fútbol total, los pases, la posesión y la presión española con el fútbol dinámico, veloz y contundente teutón. Buscará ligar el martillo al violín. Tiene tres años para perfeccionar el tiqui-taken y aprender alemán.

Fotografía: Montaje de la página del Bayern con su fichaje. Fuente: Página oficial del Bayern

Walters: La fina línea entre la gloria y el desastre

Jonathan Walters

En el fútbol, la gloria y el desastre están separados por una finísima línea. Dos situaciones, el cielo y el infierno, dos estados de ánimo, la desgraciada derrota y la dulce victoria, que ejemplifica a la perfección el delantero irlandés, de origen inglés, del Stoke City Jonathan Walters. De dos goles en su meta a un doblete en la contraria. El azar de la ruleta del fútbol le ha llevado del éxito a una de las peores actuaciones individuales que se recuerdan en solo cuatro noches.

En dos citas, el bravo rematador de los ‘Potters’ ha pasado de la decepción a la euforia, de la desgracia a la fortuna. “Fueron dos acciones desafortunadas. Su carácter y personalidad son muy fuertes y probablemente marque el martes”, pronosticó Begovic, meta del Stoke, tras el descalabro ante el Chelsea (0-4). Y la profecía se cumplió.

Cuando un futbolista falla un penalti, un borrón oscurece el lienzo de su encuentro. Cuando marca un gol en propia, el cuadro ya es de color negro y de decepción. Pues a Walters se le juntaron todos los malos augurios, la mala suerte y los embrujos ante el Chelsea. Disparó con el fuego amigo de su cabeza dos veces a su meta y mandó al limbo un penalti que podría haber metido al Stoke en el partido. En su afán por despejar el peligro remató a Begovic tras un centro de Azpilicueta y, en un córner, coronó de cabeza su infortunio. La desgracia aún no tenía suficiente y tras ‘sacar’ un penalti lo despejó por encima de Cech. Negro, negro. Desafortunado en todas las acciones y mortal para su propio equipo. Hundido, dejó el Brittania Stadium con tristeza. “Jonathan está bien. Se recuperará”, dijo el entrenador local Tony Pulis. Y se recuperó.

A los cuatro días, en FA Cup, en el replay ante el Crystal Palace de Championship, Walters ha dejado el purgatorio y ha vuelto al cielo futbolístico. Murray había empatado en el epílogo para el Palace y Walters, con su derroche físico y su presión habitual, sufría sin marcar. En la prórroga, en  el límite de la eliminatoria, Etherington sacó su guante y le puso un balón al delantero desgraciado, al futbolista gafado desde el sábado, que se quitó el traje oscuro de la decepción y se puso el alegre del gol y del éxito con un cabezazo que puso en ventaja a los ‘Potters’.

La euforía invadió al Brittania Stadium y a Walters, cuya metamorfosis de villano a héroe, cuyo regreso hasta lo que entonces había sido sobre el verde teñido de rojo y blanco, culminó con un remate casi sin ángulo, con la derecha, desde la esquina del área que condenó a Price y al Palace y puso en la siguiente ronda y a salvo al atacante y a su equipo. “Walters, Walters, give us a goal (Walters, Walters, danos un gol)” le coreaba la afición ‘Potter’. Y no solo uno, sino dos tantos les regaló a sus sufridos seguidores.

“En el fútbol solo vale el presente”, repite el tópico futbolístico. Esta máxima entierra fallos y éxitos y corona goles y derroca errores con la misma rapidez que se diluyen los noventa minutos de un partido. Walters ha entrado en la ruleta del fútbol, ha danzado sobre el fino alambre que separan la gloria y el desastre para caer, hoy, en la hierba de los goles y la clasificación ante el Crystal Palace. Mientras descansa a salvo, se quita las espinas, de ayer, de los tantos en propia y el error ante el Chelsea. 

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Fotografía 1: Walters celebra uno de sus tantos al Palace. Fuente: Phil Noble/Reuters

Fotografía 2: Jonathan Walters. Fuente: Chris Brunskill/Getty Images

Manchester United-Liverpool: El clásico de Inglaterra

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El Manchester City y el Chelsea con sus millones y el Arsenal con su fútbol se han acercado, o han superado, al Manchester United y al Liverpool. Sin embargo, aunque los ‘Red Devils’ vayan cuartos o los ‘Reds’ estén fuera de Europa, el clásico de Inglaterra, el partidazo de la Premier League es el que enfrenta a ambos. Ya sea en Anfield o en Old Trafford la rivalidad entre ambos supera a lo que hay sobre el césped. En abril de 1894 se retaron por primera vez. Sus enfrentamientos hunden sus raíces en las disputas industriales entre dos ciudades superdesarolladas hace dos siglos en las industrias del carbón, las manufacturas textiles y los astilleros. Desde entonces han seguido engordando su palmarés y su prestigio enfrentándose en todos los frentes hasta en 185 batallas.

Liverpool y Manchester United son los equipos más laureados de Inglaterra. Los ‘Reds’ eran los reyes de Inglaterra en los 80 con 18 títulos hasta que Ferguson llegó a Old Trafford y se puso manos a la obra. Desde entonces, 12 antorchados del conjunto de Manchester, 19 trofeos de la Premier League, alumbran la solapa de los diablos rojos, de Ferguson y de Ryan Giggs, la longeva estrella de Old Trafford que ha sido el futbolista que más veces ha vivido un clásico (43), y oscurecen el cielo del Liverpool.

En los últimos años, el Liverpool ha bajado y el United ha seguido dominando en Inglaterra. Sin embargo, la rivalidad en la grada, y en el verde, no ha disminuido y ha aumentado con algunos episodios. Los insultos de Luis Suárez a Evra, las declaraciones de Ferguson asegurando que Suárez era “un problema” para el Liverpool, Evra negándole el saludo y mofándose de él tras la victoria de su equipo y la animadversión que le tienen los ‘Reds’ a Rooney, canterano del Everton y estrella de los diablos rojos, han caldeado el ambiente recientemente. Anteriormente los goles de Dalglish, la contundencia de Charlton, la magia de Cantona y los duelos de Gerrard y Scholes en la media han marcado un encuentro que desprende el vetusto aroma y esencia del fútbol inglés. Polémicas ha habido tantas como regates, patadas, goles y declaraciones han hecho brillar el prestigio y la grandeza de este clásico.

Unos cantan contra los muertos en Hillsborough, otros se mofan del desastre aéreo de Münich. Hay veces que la rivalidad traspasa lo ético y respetuoso pero sobre el césped, y casi siempre en la grada, el Manchester United-Liverpool es el clásico del fútbol inglés y una lucha histórica por la corona de la Premier League. Una batalla por el gol entre Van Persie (16 goles) y Luis Suárez (15), que hoy llenara la fría, y posiblemente nevada, tarde de enero de pasión y fútbol. Porque, aunque uno vaya octavo y el otro primero, el clásico es el clásico…

Fotografía: Evra y Luis Suárez. Fuente: Reuters